"La vida es una obra teatral que no importa cuánto haya durado, sino lo bien que haya sido representada."
Séneca

Que bueno que estés aquí. Ese es un espacio en donde quiero compartir pequeñas crónicas de situaciones que he vivido, o de mi encuentro con personas que han logrado llamar mi atención. Como escritor, me alimento de lo que la observación me permite descubrir en los demás. A veces pregunto todo, otras veces solo observo, en silencio, pero siempre grabando dentro de mi a esos personajes, que por alguna razón logran que fije mi mirada en ellos y sienta esa fuerte necesidad de saber algo más de ellos. De ese personaje que han interpretado en esta vida y del que quiero conocer más.

Lo que te voy a compartir, es algo que aunque lo tengo colgado en internet, aún me cuesta asimilarlo pues fue algo que marcó mi vida para siempre.

Antes de decirte de qué trata, quiero hacerte una pregunta y me gustaría que meditaras su respuesta antes de continuar:
¿De qué hablarías con una persona que está a punto de morir?....
¿Qué le dirías?....
¿Qué preguntas le harías?...
¿Y si esa persona fuera alguien importante para ti?...

… El avión era muy pequeño. Una fila de asientos a cada lado de un minúsculo pasillo. Desde que me acomodé en mi silla supe a qué iba: -A despedirme de mi madre, pues sus días, estaban contados. Ese año, el 2013, había sido un año duro para mi. No solo por su enfermedad y todo que representaba para nosotros, sus hijos y su familia, sino porque profesionalmente no tenía claro que seguía en mi vida. Sin embargo fue un año en donde tuve muchas presentaciones en teatros, empresas, escuelas y en cuanto lugar nos invitaban. Siempre, al entrar al escenario llamaba a Bucaramanga para hablar con mi madre y me encomendaba a Dios pidiéndole solo una cosa: Que mamá estuviera viva para cuando yo terminara mi presentación, es más, siempre le pedí a Dios que cuando fuera el momento de decirnos adiós, yo pudiera estar en mi ciudad y junto a ella. Ese día, en ese avión, supe que Dios me había escuchado y yo iba a hacer lo que tenía que hacer: Despedirla.

Al llegar al aeropuerto me encontré con mis dos hermanos y tuvimos una charla concreta: A partir del momento en que ella se fuera, estaríamos unidos y cualquier diferencia que hubiésemos tenido quedaría en el pasado. Fue una promesa. Durante todo el vuelo, no pude controlar el llanto, ese mismo que durante meses aniquilé con el valor de quien sabe que no puede caer en la tentación del drama.

Al entrar a la habitación en el hospital en donde estaba, se giró y al verme me miró fijamente y solo dijo: -Llegó el final. Todos lo entendimos, yo la acaricié y me senté a su lado a llenarla de besos como siempre hacía. Sabía que la vida me había concedido la oportunidad de estar a su lado en sus últimos días. Pero de qué le hablaría?… Qué le diría?… Tenía el tiempo en mi contra, la enfermedad ganaba terreno a pasos agigantados y según los médicos solo era cuestión de días que ella se fuera y yo, luchaba con mis sentimientos y mis miedos. Aún así, con un nudo en la garganta supe imponerme y logré hacer lo que tenía que hacer, es más, grabarlo para tenerlo ahí, para después y de ese después hace cinco años…

Avanza que todo pasa...

Había llegado el momento, no cabía duda de ello. Solo era esperar, esperar a que se durmiera, pero vinieron los dolores y entonces le aplicaron sedantes como parte de la clínica del dolor. Ese sueño fue inducido, de a poquitos, consentido, por amor, porque era mejor acompañar su sueño que su dolor.

¿Y sabes qué?… Por más que te prepares, jamás lo estarás. Por más que hagas una lista de temas para conversar con esa persona, algo extraño ocurre y esos temas parecen vacíos.

Fuimos sinceros en nuestras conversaciones. Sinceros en lo que estaba pasando, era apenas justo que ella tuviera claro lo que ocurría, así como yo lo tenía.

Ahora a punto de cumplir cinco años, se que estas conversaciones fueron de las más importantes que he tenido en mi vida. Por lo sinceras, por lo apremiantes.

Al final grabé todo, absolutamente todo lo que era importante para mi. No solo en mi mente, sino en mi teléfono. Entendía que la vida me quitara a mi madre, pero la misma vida me había provisto de las herramientas para quedarme con su voz, su mirada, su forma de pensar, el color de su piel, su cabello.

Al pasar los años, ha ocurrido algo maravilloso y es que el tiempo no ha podido borrar su imagen. Porque la guardo en todos lados. No sé como será cuando el tiempo borra todo lo que fue una persona importante para uno, o si lo sé, pero no lo he experimentado con mi madre. Ella sigue aquí, conmigo, frente a mis ojos, en mis oídos.

Y sabes qué?… Su partida me ha permitido ver la vida de una manera tan diferente. Tan tranquila y tan pausada. Llena de certeza, la certeza de ser pasajeros, de estar frente a una realidad virtual, ilusoria, pasajera.

Abrazo.

 

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